Nota publicada en el Diario El Sudeste

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Vivir para contarla

Santiago Marino* nació el 18 de octubre de 1920 en la estancia Isla Verde. Y a esto; una fecha, un dato, un acontecimiento, ha consagrado buena parte de su vida. Es que a su natural acervo de vivencias tenemos que añadirle el extenso trabajo documental que Marino ha venido realizando desde hace 75 años.

Al entrar en su casa, un patio sudamericano cargado de plantas y un loro que saluda al desprevenido visitante componen un escenario más apegado a una incursión literaria que a nuestras experiencias de la vida corriente. Una vez en el interior las pilas de cuadernos manuscritos evidencian su persistente actividad.

Metido de lleno en el pasado Santiago Marino escruta el presente con la eficacia de los enfoques simples. La velocidad de estos tiempos lo sorprende y aunque reconoce los beneficios de la modernidad evalúa hasta donde se justifican algunas de sus consecuencias. “Antes cosechábamos diez hectáreas por día, ahora una maquina recolecta y procesa cien”, explica así en márgenes agropecuarios la relación acelerada que hoy tenemos con el tiempo. “Había más contacto con la naturaleza”, concluye.

Nuestro Funes el memorioso

Frente a Santiago Marino nos sentimos reducidos a lo que el ingenioso narrador Borges se reserva para si ante la figura que de Funes crea: se siente un siego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.

La memoria es la cualidad intrínseca de este documentalista autodidacta y lo demuestra con soltura a medida que avanza en las conversaciones. Además, posee, por si el olvido lo traiciona, una de las bases de datos más completas de la región. Registros climáticos, sociales, político y culturales, se entrecruzan en los archivos que delatan el obstinado avance del tiempo sobre estas pampas.

“En 1930 llegó el primer automóvil de carrera a Morrison” dice, mientras esgrime la fotografía que lo atestigua con sus protagonistas en romántica escena. Pero su documentación no se agota en lo regional, sino que Santiago supo atar al devenir de las novedades locales sus correlatos nacionales e internacionales. Acaso por eso añade al dorso de esa noticia los datos biográficos de Henry Ford o pueden verse, pegados en una de las paredes, los dirigentes y lideres políticos más destacados del país junto a los intendentes de la localidad de Morrison.

Libros, cuadernos, periódicos, fotografías y otros documentos dominan el interior de la casa y hacen que una heladera o un televisor parezcan elementos obsoletos, sin otro valor que el que les confiere haber pertenecido a una u otra época. Sólo una maquina de escribir Olimpia se impone como herramienta esencial en su infatigable tarea de compaginación de datos y compendios bibliográficos.

Registros que se remontan a los principios del Siglo XX, han hecho que historiadores de toda la región se acerquen a consultarlos. Así, en el primer congreso de historia realizado en la localidad de Justiniano Posse en el año 1990, recibió un reconocimiento por sus aportes en la investigación histórica del sudeste cordobés.

Miembro fundador del Centro de Jubilados de la localidad Morrison, Vicepresidente de la Comisión Municipal de Cultura y otros antecedente, hablan de una vocación de trabajo que aún perdura con la difusión de datos a cuantas entidades, personas e instituciones lo requieran. “No hay que ser viejo nunca” afirma Marino que conserva una memoria y una lucidez admirable a los 86 años.

“En septiembre de 1887 pasó por primera vez el tren por lo que hoy es Morrison” descarga. O que el 27 y el 28 de octubre de 1926 azotaron a esa localidad dos tormentas consecutivas de granizo, una en cada noche, remata versátil y sin apuntes mientras transcurre la tarde y otra pagina en sus anotaciones.

Publicado en el Diario “El Sudeste” de la Ciudad de Bell Ville, en marzo de 2007.

*Santiago Marino. Documentalista de la localidad de Morrison.

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